Con el ‘Síndrome de Mozart’, Gonzalo
Moure no sólo ha conseguido hacerse con el Premio de
Literatura Juvenil Gran Angular, sino que se ha adentrado
en un mundo que para muchos es completamente desconocido:
el de los niños con síndrome de Williams.
Se trata de una patología muy especial
en la que los afectados tienen un bajo coeficiente
intelectual, pero al mismo tiempo son capaces de
desarrollar una sensibilidad auditiva extraordinaria,
llegando a alcanzar el oído absoluto, lo cual se traduce en
una habilidad musical fuera de lo común.
Su primer contacto con el síndrome fue
fortuito. “Estaba escribiendo una novela y en ella
describía a un señor con cara de gnomo. Poco después,
recibí una carta de un médico en la que me decía que si eso
que había escrito era real esa persona padecía el síndrome
de Williams”. Lo que no sabía el escritor, entonces, es que
uno de los rasgos característicos de los niños que padecen
esta enfermedad es la cara de 'duendecillo'.
Desde ese momento, no paró de
investigar un síndrome que, según afirma, también pudo
padecer Mozart. La novela no ha sido más que el primero de
los frutos de una investigación que no ha hecho más que
empezar. “Mi intención es unificar todo en un ensayo con
entrevistas a científicos, con opiniones....un libro
divulgativo”.
Después de haber sido 'atrapado' por
las maravillosas contradicciones de los niños con síndrome
de Williams, capaces por un lado de escuchar la caída de
dos monedas y saber cuál de ellas ha sonado en do y cual en
fa, pero por el otro, incapaces de realizar una tarea
cotidiana como puede ser atarse los zapatos, pretende crear
un centro para estos chicos, que llevará el nombre de
'Mozart'.
Será un lugar en el que podrán
dedicarse a lo que más les gusta, la música. “Mi sueño es
que este centro se convierta en un punto de encuentro en el
que estos niños puedan intercambiar puntos de vista sobre
la música, para que nos puedan llegar a explicar qué es
para ellos la música”.
El centro Mozart, al que Moure dedicará
parte del premio, servirá para explotar sus capacidades.
“Creo que no hay que aislar a estos niños. Tenemos que
considerar este síndrome como algo menos negativo e
intentar potenciar los aspectos positivos”.